Ciudad Guatemala

VIDEO: “Aquí la vida es perra” dicen guatemaltecos olvidados en frontera con Belice


Unas 25.000 personas viven en similares condiciones en las 42 comunidades a lo largo de unos 90 km de la denominada zona de adyacencia.

  11 abril, 2018 - 15:38 PM

Miles de guatemaltecos sobreviven en la miseria y olvidados en la frontera indefinida entre Guatemala y Belice, una zona abandonada por ambos estados, cuyos pobladores cifran sus esperanzas en una solución al viejo conflicto territorial para salir adelante.

Sin energía eléctrica, servicios de salud y agua potable, los pobladores mantienen un hilo de esperanza en la resolución del conflicto para salir adelante en esas remotas comunidades ancladas en la llamada zona de adyacencia, la frontera no delimitada entre ambas naciones.

Los residentes en esas comunas están al tanto del proceso para resolver el diferendo territorial con Belice, una excolonia británica, pues el gobierno guatemalteco ha prometido que con el fin de la disputa llegará el desarrollo a la zona.

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Los dos gobiernos deben realizar consultas populares antes de decidir si llevan el diferendo a la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Guatemala la programó para el próximo 15 de abril, mientras que Belice no ha definido aún la fecha.

La mayoría de los pobladores calza botas de hule negro por las escabrosas veredas enlodadas a causa de las constantes lluvias que afectan a San José Las Flores en el municipio de Melchor de Mencos, 300 km al norte de la capital guatemalteca.

Por décadas han subsistido con maíz y frijol, y el poco excedente que les queda resulta difícil de vender por estar aislados. Con el paso del tiempo ha llegado la ayuda por cuentagotas.

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Vida perra

“La verdad, aquí la vida es perra por las condiciones de pobreza”, dice a la AFP Rudy Leiva, de menuda complexión y bigote ralo, mientras baja la mirada al suelo enlodado.

Llegó a la reserva cuando tenía ocho años, luego que sus padres creyeron salir de la pobreza en su natal Poptún, cercano a Melchor de Mencos, pero no lo consiguieron. Ahora con 27 años, Leiva es padre de cuatro niñas.

Para llegar a este inhóspito lugar hay que recorrer carreteras de tierra en malas condiciones y en vehículos de doble tracción, que muchas veces tienen dificultades para continuar la marcha.

Unas 25.000 personas viven en similares condiciones en las 42 comunidades a lo largo de unos 90 km de la denominada zona de adyacencia.

Uno de ellos es Carlos Alvarado, padre de un adolescente que murió por heridas de bala en abril de 2016 en el más reciente incidente con las fuerzas de seguridad de Belice.

Según un informe de la OEA, los disparos fueron hechos por guardaparques de Belice ante la caza ilegal que realizan los guatemaltecos, una versión que rechazó el gobierno de Guatemala.

Alvarado afirma que después de la muerte de su hijo Julio, varios funcionarios le ofrecieron ayuda y le dijeron que el caso no quedaría impune, sin embargo después de casi dos años no se ha hecho justicia.

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“Estoy seguro que han dado millones para esta zona pero no se han invertido, no nos han dado ni un chicle”, lamenta este hombre de tez morena que llegó hace 20 años a la comunidad, donde ha procreado siete hijos.

“Cuesta bastante vivir acá, más por lo económico y la falta de trabajo. Solo tenemos la agricultura para vivir”, remata el líder comunitario Juan de los Santos.

Proyectos para subsistir

El director ejecutivo de la ONG Balam, Byron Castellanos, reconoció que las comunidades han estado abandonadas por décadas y la ayuda internacional recién comenzó a llegar tras la muerte del adolescente.

La embajadora británica en Guatemala, Carolyn Davidson, comentó que la comunidad internacional impulsa proyectos productivos para mujeres como cría de pollos, gallinas ponedoras de huevos y panadería.

No obstante, las mujeres cuentan que para vender sus productos tienen que caminar unos 9 kilómetros hasta la comunidad más cercana.

Para los hombres, hay proyectos agroforestales con la siembra de diez distintos cultivos, como cardamomo, cacao y mango, agregó la diplomática.

Además, la cooperación financia un centro de recuperación nutricional para niños menores de cinco años.

Guatemala reconoció la independencia de Belice en 1991, pero reclama a su vecino 12.272 km2, la mitad de su territorio, incluyendo varias islas y cayos.

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Además, Guatemala recrimina a Belice que 10 campesinos guatemaltecos han muerto a manos de militares beliceños en los últimos 17 años.

La mayoría de los pobladores de la zona sueña con el fin de la disputa, pues carecen de título de propiedad de las tierras donde sobreviven cada día.

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