Un error de cálculo hizo que esté vivo de milagro un hombre que quiso tener la experiencia de nadar junto a un tiburón peregrino.
Esa especie es una de las más grandes del reino marino y se caracteriza por ser muy tolerantes a la presencia de los humanos. Pero en realidad no era un tiburón peregrino sino un blanco, devorador por excelencia.
Para su fortuna, el hombre pudo regresar al bote y librarse de un cara a cara con el tiburón.













