Ciudad Guatemala

El dilema del legado de hipopótamos de Pablo Escobar


El narcotraficante Pablo Escobar importó algunos hipopótamos para su zoológico privado. Cuatro décadas después, viven en estado salvaje y se han multiplicado enormemente. Nadie sabe qué hacer con ellos.

  13 mayo, 2020 - 11:35 AM

Carlos Valderrama es veterinario de la ONG WebConserva. No debe ser confundido con la estrella de fútbol colombiana del mismo nombre. Después de todo, el centrocampista ha jugado en más de 110 partidos internacionales. Pero el veterinario Valderrama presume de haber sido la primera persona en el mundo en castrar a un hipopótamo en estado salvaje.

El animal tuvo que ser levantado con una grúa por su enorme tamaño. El procedimiento duró doce horas y tuvo lugar en Colombia, a miles de kilómetros de África, el verdadero hogar de esta especie.

Desde las ardillas grises en el norte de Europa hasta los gatos salvajes y los conejos en Australia, o las ratas en Nueva Zelanda, las especies invasoras pueden desequilibrar ecosistemas enteros. Los intrusos consumen presas que carecen de defensas naturales contra ellos, o desplazan a los competidores nativos.

La mayoría de estas plagas incontroladas fueron introducidas por el ser humano. La invasión de los hipopótamos en Colombia puede incluso ser rastreada hasta una persona en particular, nada menos que el capo de la cocaína Pablo Escobar.

En los años ochenta y noventa, en el punto álgido de su carrera criminal, el patrón de la droga construyó un zoológico en su enorme Hacienda Nápoles, entre Medellín y Bogotá. Cuando Escobar murió en 1993, el rancho quedó en ruinas.

Algunos de los animales exóticos, como las cebras, fueron reubicados en diferentes zoológicos de Colombia o del extranjero. Pero ningún zoológico quiso o pudo dar un hogar a esta pesada y agresiva especie.

Pablo Escobar es responsable de la invasión de hipopótamos en Colombia.

Población en aumento

Valderrama cuenta una historia que ha sido contada muchas veces antes. Uno de los hipopótamos fue capturado por las autoridades y a mitad de la ruta se escapó del vehículo. Esto puede ser de dudosa autenticidad, pero el veterinario cree que estos poderosos animales, que pueden llegar a pesar más de tres toneladas, podrían realizar una hazaña semejante.

“Puedo creerlo”, admite. “Cuando transportamos al hipopótamo que habíamos castrado, se movió ligeramente en el vehículo, bajo la anestesia, y las ruedas traseras del camión se levantaron”, explica.

Nadie sabe qué va a pasar con los hipopótamos. Los animales se sienten cómodos en Colombia y sin enemigos naturales se han reproducido rápidamente. Las autoridades locales estiman que actualmente hay entre 65 y 80 ejemplares. En tan solo diez años, podría haber 150 hipopótamos, según un estudio reciente del Instituto Humboldt.

La mayoría de los animales viven en el lago de la Hacienda Nápoles de Escobar y son una atracción turística de vida silvestre para mochileros y veraneantes. Otros han hecho del cercano Río Magdalena su hogar. La gran vía fluvial es un hábitat ideal para los animales. Aquí pueden revolcarse durante el día y bajar a tierra por la noche.

Un paraíso para los hipopótamos

Incluso en su África natal los hipopótamos, aparte de los leones, no tienen enemigos naturales. Muy cerca de la Hacienda Nápoles ya se han visto jaguares. Se consideran los depredadores más importantes de América del Sur. Pero no tienen ninguna posibilidad contra el legado de Escobar.

“El jaguar es nuestro mayor depredador. Es enorme y hermoso”, dice Valderrama. “Pero pesa 100 kilos. No tiene ninguna posibilidad contra un hipopótamo adulto”.

En su hábitat natural, el número de hipopótamos se mantiene estable por medio de las sequías estacionales que presionan su territorio y por ende, la escasez de alimentos. Pero en la exuberante Colombia tropical, parece que no hay nada que perturbe la paz de estos animales, que prosperan magníficamente.

De hecho, los hipopótamos se encuentran tan bien que parecen alcanzar antes su madurez sexual, reproduciéndose también antes y produciendo mayor descendencia, según Cornare, la agencia gubernamental local para la gestión del medio ambiente.

Los hipopótamos sedados son pesados y su transporte es arriesgado.

Vecinos agresivos

En gran parte, la población también dejó en paz a los hipopótamos hasta la década de 2000. Pero entonces, los pescadores comenzaron a quejarse de hipopótamos agresivos que les impedían acceder al río. Según Valderrama, los informes de hipopótamos atacando a humanos y barcos, e incluso matando al ganado, sembraron el pánico en las comunidades locales.

Y no solo los vecinos de la región sufren de las acciones de los hipopótamos. Los excrementos de los animales están fertilizando excesivamente los ríos, según un estudio reciente sobre el impacto ambiental de los hipopótamos, en el que participó Jonathan Shurin, biólogo de la Universidad de California en San Diego.

“Hay una sobrecarga de materia orgánica y una enorme abundancia de bacterias que la consumen”, explica Shurin a DW, y “luego esas bacterias pueden hacer reducir enormemente los niveles de oxígeno y causar la mortalidad de los peces y el florecimiento de algas dañinas”, detalla.

Es demasiado pronto para concluir si eso tendrá un impacto negativo en las especies locales como el manatí, pero Shurin predice que los efectos empeorarán a medida que los hipopótamos continúen multiplicándose y ampliando su área de distribución. Las floraciones de algas podrían dañar las poblaciones de peces y la salud humana.

Algunos de los hipopótamos más jóvenes han sido esterilizados en la última década.

Si no se hace nada, el número de hipopótamos “aumentará exponencialmente”, según Shurin. La solución al problema puede no ser muy agradable, pero “es una razón más para actuar mejor pronto que tarde”, argumenta. “Es más humano hacerlo con 80 animales que con mil”. Aún así, sigue siendo un asunto muy cuestionado.

Caro, complicado y controvertido

“Hemos logrado controlar un poco el crecimiento de la población”, cuenta a DW el biólogo de Cornare David Echeverri. “Pero no ha sido suficiente, debido a los problemas que plantean los hipopótamos como especie: son agresivos, territoriales y pasan mucho tiempo en el agua, lo que dificulta su vigilancia. Todo esto hace que el control sea difícil, caro y peligroso”.

Cornare ha logrado esterilizar diez de los animales más jóvenes, y por lo tanto más pequeños, en la última década. Pero, tal y como demostró la operación de Valderrama, está lejos de ser una opción simple o barata. Asimismo, tampoco es fácil para el paciente.

Hay riesgos involucrados en sedar a un animal enorme y agresivo. Su dura piel es difícil de perforar y cuanto más tiempo esté bajo anestesia, mayor será el peligro para su propia vida. Y eso si es posible acercarse lo suficiente al animal.

Los zoológicos en Colombia no tienen ni espacio, ni medios económicos para mantener a estos animales.

Los zoológicos, a su vez, no quieren hipopótamos por el coste que supone o la falta de espacio. Además, la cantidad de burocracia los disuade. Llevarlos a África tampoco es una opción. Los animales podrían traer enfermedades.

Solo queda el sacrificio. Pero, aunque sería técnicamente posible, es caro y controvertido. En 2009, cuando un agresivo hipopótamo macho fue sacrificado como parte de una operación apoyada por el Ejército, hubo una gran protesta pública. “La gente ve a los hipopótamos como animales rechonchos, simpáticos y lindos”, dice Valderrama. “Piensan en Matilda en las películas de Madagascar”.

Pero los ganaderos locales no están entre los amantes de los animales y se quejan cada vez más de que los hipopótamos dañan las cercas y molestan al ganado.

Echeverri preferiría que los hipopótamos se mantuvieran en una reserva cerrada y que hubiera un control más eficaz de su natalidad. Pero dice que es probable que esto requiera financiación internacional y no en un futuro previsible, especialmente ahora que el país está cerrado por la pandemia de COVID-19.

Mientras tanto, el legado de hipopótamos de Pablo Escobar podrá vagar libremente y multiplicarse sin control.

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