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¿Por qué un monumento causa dilema en Perú? (y por qué es catalogado como el Cristo «de la corrupción»)


Un enorme monumento que emula al famoso Cristo del Corcovado de Río de Janeiro se convirtió en manzana de la discordia en Perú, donde miles de ciudadanos exigen que sea retirado por tratarse de un "símbolo de la corrupción".

POR: Keneth Cruz     18 julio, 2019 - 08:34 AM

El Cristo del Pacífico fue inaugurado el 29 de junio de 2011 sobre una colina de Chorrillos, en la costa del sur de Lima, por el entonces presidente Alan García y financiado por la constructora brasileña Odebrecht, ambos protagonistas de un escándalo de corrupción que salpica también a otros tres exmandatarios peruanos.

Hace unas semanas, una ONG inició una campaña para que el monumento sea retirado.

«(Pedimos) retirar el monumento Cristo del Pacífico, llamado ‘Cristo de lo robado o Cristo de Odebrecht’, porque es un símbolo de la corrupción, que fue donado por Marcelo Odebrecht» a Alan García, dijo Cristhian Rojas, líder del colectivo «Es Momento».

«Es imposible que éste se mantenga como parte del espacio público de la ciudad», asegura el activista.


Desde que Odebrecht se volvió sinónimo de corrupción en Perú, el monumento es una piedra en el zapato del gobierno. La empresa admitió que pagó millonarios sobornos para ganar obras públicas bajo diversos gobiernos, incluido el segundo de García (2006-2011).

De acrílico y concreto, el monumento de 37 metros de altura costó US$800 mil.  Fue financiado mayoritariamente por Odebrecht y García aportó US$30 mil.

«Es un Cristo similar al de Corcovado al que he denominado Cristo del Pacífico. Congregué un grupo de amigos y empresas y también he puesto mis ahorros, porque quisiera que sea una figura que bendiga al Perú», dijo entonces García.

Cuando fue inaugurado, un mes antes de finalizar el mandato de García, la brasileña se aprestaba a poner en marcha la Línea 1 del Metro de Lima, obra por la que, ahora se sabe, pagó siete millones de dólares en sobornos para ganar la licitación.

 

Vista de la estatua del «Cristo del Pacífico» en la cima de una colina en Lima, Perú. (Foto: AFP)

 

«No hay recursos»

La ONG envió al gobierno su solicitud de retirar el monumento un mes después del suicidio de García, quien se disparó en la sien el 17 de abril cuando iba a ser detenido en el marco de una investigación acusado de recibir dádivas de Odebrecht.

El petitorio fue acompañado de 4 mil 700 firmas de ciudadanos que pedían el retiro del monumento.

Sin pronunciarse sobre el fondo del asunto, el gobierno de Martín Vizcarra respondió diciendo que carece de presupuesto para retirar la polémica estatua.

El gobierno «no cuenta con recursos suficientes para solventar los gastos que demandaría el desmontaje y traslado del monumento», dice un oficio enviado el 10 de julio por la Presidencia del Consejo de Ministros a la ONG.

Rojas dice que su ONG no busca demoler el monumento, sino reubicarlo en un recinto religioso.

Muy poco visitado, no exhibe placa alguna que señale que fue donado por Odebrecht.

Además, luce descuidado y sucio, en notable contraste con el brillo de dos monumentos militares a héroes de la guerra contra Chile (1879-1883) ubicados a unos 200 metros.

 

El gigantesco estatuto de Jesucristo que se cierne sobre Lima ha causado controversia en Perú debido a su financiamiento por la construcción brasileña contaminada por injerto el gigante Odebrecht y el ex presidente Alan García. (Foto: AFP)

 

Silencio de obispos

Los activistas de «Es Momento» han evitado chocar con la iglesia, en un país mayoritariamente católico y conservador.

«No es nuestra intención demolerlo o atacar el aspecto religioso del monumento, sino atacar el simbolismo de la corrupción», enfatiza Rojas. «García utilizó una imagen religiosa para limpiar un símbolo de corrupción».

Cuando fue instalado, el papa Benedicto XVI envió un mensaje de congratulación. A su vez, el ultraconservador cardenal peruano Juan Luis Cipriani instó a los fieles a convertirlo «en objeto de peregrinación de miles de personas», algo que no ha ocurrido.

Pero ahora los obispos han preferido guardar silencio sobre el pedido de la ONG.

«El tema es delicado», explicó una fuente de la Conferencia Episcopal.

En cualquier caso, el monumento cosecha también simpatías entre gente común.

«Pienso que debe quedarse porque desde que se instaló esa obra, muchas familias vienen, sobre todo en verano, a pasar un momento para disfrutar el paisaje», dice el taxista Elio Olázabal.

Vea también:

– La UNESCO financia la restauración del monumento de Malí

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