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					<title>Pese al miedo, las mujeres intentan resistir en un bastión talibán en Afganistán</title>
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						Sat, 09 Oct 2021 17:00:47 +0000					</pubDate>
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							<![CDATA[En Kandahar, cuna de los talibanes en Afganistán, casi no se ven mujeres en las calles desde el regreso al poder de los fundamentalistas. Pero Fereshteh, Fauzia y otras compañeras intentan vencer sus miedos para poder seguir trabajando o estudiando.]]>
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								<![CDATA[<img fetchpriority="high" decoding="async" width="760" height="430" src="https://www.guatevision.com/wp-content/uploads/sites/2/2021/10/Captura-de-Pantalla-2021-10-09-a-las-09.07.32.png?quality=82&amp;w=760&amp;h=430&amp;crop=1" class="attachment-featured-medium size-featured-medium" alt="" srcset="https://www.guatevision.com/wp-content/uploads/sites/2/2021/10/Captura-de-Pantalla-2021-10-09-a-las-09.07.32.png?resize=760,430 760w, https://www.guatevision.com/wp-content/uploads/sites/2/2021/10/Captura-de-Pantalla-2021-10-09-a-las-09.07.32.png?resize=260,146 260w, https://www.guatevision.com/wp-content/uploads/sites/2/2021/10/Captura-de-Pantalla-2021-10-09-a-las-09.07.32.png?resize=150,84 150w" sizes="(max-width: 760px) 100vw, 760px" /><p>Fereshteh y Zohra tienen casi la misma edad, 23 y 24 años, y el mismo temor: que un talibán se les acerque por sorpresa y les lance ácido al rostro, para que se les pasen las ganas de ir a clase.</p>

<p>Desde su regreso al poder a mediados de agosto, los talibanes no han atacado físicamente a las mujeres que estudian o trabajan en Kandahar (sur), según varios testimonios. Y el último ataque con ácido contra colegialas o estudiantes en la misma ciudad se remonta a más de doce años.</p>
<p>Pero el recuerdo de los años 1990, cuando los talibanes impedían a las mujeres trabajar, estudiar o salir solas o sin burka, bastó para que estas últimas desertaran las largas y polvorientas avenidas comerciales de Kandahar.</p>
<p>Las pocas mujeres que se ven en las calles son como sombras con burkas, que apresuran el paso entre las tiendas, con las bolsas de compra en la mano.</p>
<p>&#8220;Antes estábamos contentas de venir a trabajar, ahora nos angustia&#8221;, dice a la AFP Fereshteh Nazari, directora de la escuela para niñas Sufi Sahib de Kandahar.</p>
<p>&#8220;En la calle, los talibanes no nos dicen nada, pero se ve que nos miran de reojo&#8221;.</p>
<h3>&#8211; &#8220;No vamos a ninguna parte&#8221; &#8211;</h3>
<p>En la escuela en la que trabaja, &#8220;la mayoría de los padres ya no envían a sus hijas de más de 10 años a clase&#8221; porque ya &#8220;no se sienten seguros&#8221;. Ese día, 700 niñas fuero a clase, frente a las 2.500 que iban antes.</p>
<p>&#8220;Aparte de las compras, que hacemos muy rápido, ya no vamos a ninguna parte, volvemos a casa muy rápido&#8221;, confirma Fauzia, una estudiante de medicina de 20 años, que prefiere no dar su verdadero nombre por razones de seguridad.</p>
<p>Los hombres, en cambio, se toman su tiempo para charlar durante horas en la acera, en restaurantes o bares de &#8220;shisha&#8221;.</p>
<p>Zohra, una estudiante de matemáticas que tampoco quiere comunicar su verdadero nombre, decidió dejar de ir a clase, al igual que varias de sus amigas, tras los rumores de posibles ataques con ácido. Prefiere no correr riesgos. &#8220;Para mí, la vida es más importante que cualquier otra cosa&#8221;, dice.</p>
<p>Pero otras no pueden permitirse ese lujo, como Fereshteh y sus compañeras profesoras, que esperan sus sueldos, congelados desde la caída del gobierno anterior, hace casi dos meses.</p>
<p>&#8220;Puede que acabemos teniendo que pedir limosna en el mercado&#8221;, suspira la joven directora, una morena de grandes ojos negros resaltados con kohl, que lleva un pañuelo negro bordado con lentejuelas brillantes sobre el pelo.</p>
<p>&#8220;Ya no tenemos dinero. Mi marido se quedó sin trabajo y yo debo alimentar a nuestros dos hijos&#8221;, explica una colega de Fereshteh, que prefiere no dar su nombre, y que como muchas mujeres en Afganistán dice estar &#8220;deprimida&#8221;.</p>
<h3>&#8211; &#8220;Es problema de ellas&#8221; &#8211;</h3>
<p>Fauzia también está en apuros. Huérfana, se encarga de dar de comer a sus cuatro hermanos de entre 13 y 17 años. Hasta agosto, trabajaba en una emisora de radio local, donde daba voz a anuncios publicitarios.</p>
<p>Pero después de tomar la ciudad, los talibanes &#8220;publicaron mensajes en Facebook diciendo que no querían más música ni voces de mujeres en las ondas&#8221;, dice uno de los responsables de la emisora. &#8220;Dejamos de hacerlo, y es una pena porque las voces de las mujeres funcionan mejor para atraer la atención del público&#8221;, añade.</p>
<p>Desde entonces, Fauzia ha dejado su currículum por toda la ciudad, especialmente para puestos de profesora. Pero todo parece estar estancado. &#8220;Me dicen que espere&#8221;, señala. Pero se está desesperando, porque &#8220;los talibanes no dicen nada más&#8221;.</p>
<p>Oficialmente, los fundamentalistas niegan querer volver al régimen extremista de los años 1990. &#8220;No hemos prohibido nada a las mujeres&#8221;, afirmó el mulá Noor Ahmad Saeed, uno de los líderes talibanes de la provincia de Kandahar.</p>
<p>&#8220;Si no se sienten seguras o no vuelven al trabajo, es problema de ellas&#8221;, apuntó, indiferente. Los talibanes, que seguirán &#8220;las reglas del islam&#8221; por encima de todo, &#8220;todavía están estudiando&#8221; el asunto, añadió, sin dar más detalles.</p>
<p>Fauzia ve cómo aumenta la presión social, incluso en su propia casa. &#8220;Mi hermano pequeño me dice que me tape la cara, que no vea más a mis amigos, que no vaya a ningún sitio excepto al colegio&#8221;, cuenta.</p>
<p>En el patio de la escuela, una de las alumnas de Fereshteh, Shahzia, de 12 años, echa de menos al anterior gobierno, que había promovido la educación de las niñas. &#8220;Queremos libertad&#8221;, dice, pero en realidad &#8220;tendremos que hacer lo que nos digan, si no nos meteremos en problemas&#8221;.</p>
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